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Jerico-Palestina-Ciudad bajo sitio en las ruinas de Jerico

por Brinda Mair el Nov.07, 2008, en la categoria General, Viajes

Ruinas de Jerico - CisJordania

Jerico – Palestina -Ciudad bajo sitio en las ruinas de Jerico

Jericó es un hermoso oasis en medio del desierto. Bíblicamente se indicó que la ciudad nunca fuera reconstruida. Ese es el argumento que utilizan los israelitas para deleznar la permanencia de los palestinos en esta ciudad, la más antigua del mundo.

El agua brota de fuentes naturales, totalmente helada, se dice que fue por un milagro del profeta Elías. En la foto se muestran los vestigios de los muros que cayeron de la primera Jericó, hace ya más de 4500 años, cuando Josué y sus trompetas los derribaron. Se encuentran aquí las ruinas de la primera Jericó que relata la Biblia. De la segunda, reconstruida por romanos y de la tercera que fue realizada por un sultán que la usaba como palacio de invierno.

Regresamos a esta ciudad, luego de haber estado en ella el tercer día del trabajo en Israel, el 23 de junio.

Ese día, el Espíritu nos indicó ingresar y teníamos como única referencia, una visión espiritual donde se me mostró parte del lugar: una torre cuadrangular con un campanario

En este día fuimos a las ruinas de Qunramm donde se hallaron los manuscritos del Mar Muerto para alinearnos con nuestros yo multidimensionales esenios y desde allí fuimos a la costa del Mar donde estuvimos trabajando en nuestra purificación física y espiritual para el trabajo que debíamos realizar. El alta concentración de sal del sector donde ingresamos al agua, quemaba las mucosas de la piel, pero nos alineó e ingresamos a Jericó en la noche. Sabíamos desde 4D y más, que muchos de Uds. estaban con nosotros y que pese a que no sabíamos a donde íbamos el Espíritu nos mostraría el lugar. Esta zona se encuentra en territorio palestino y hay que presentar pasaporte para ingresar.

Llegamos dos horas antes del cierre de la frontera y del toque de queda no declarado pero que existe tácitamente, porque difícilmente encontrarás a un ser vivo por la calle después de las 22 hs. Hasta nos sonreímos pensando cuando nos sobrevolaron aviones de combate si debíamos encender la televisión para darnos cuenta de que estábamos en medio de un conflicto mas 3D del que veíamos pero seguramente era porque el Presidente Bush estaba cerca de aquí, en Turquía.

Al llegar la tercera noche a Jericó, dejamos los carros fuera porque fuimos advertidos por la compañía de renta-car que no ingresásemos con matrícula israelí en este sector.

No sabíamos a donde indicar ir al conductor del transporte local, un taxi colectivo, y sólo dijimos que se dirigiera al centro de la ciudad. Íbamos atentos por dentro y por fuera, tratando de ver alguno de los signos que habíamos recibido.

Con las últimas luces del día, Airena (de Madrid -España) distinguió el campanario a poco de ingresar en el lugar. El lugar estaba a oscuras. Había símbolos griegos en la puerta pero no se distinguía otra cosa en el interior. Ni siquiera el campanario que creíamos haber visto. Nos detuvimos en la puerta sin saber qué hacer porque no sabíamos qué era este lugar ni tampoco cómo haríamos para estar seguros de que lo era.

Algo me impulsó a llamar y toqué el timbre pidiendo al Espíritu que si allí era el lugar, la puerta se nos abriera y salió un monje y nos abrió.

La Gracia del Espíritu fue extrema. Nos encendieron las luces invitándonos a pasar y el lugar entero vibró y nos recibió. Pero aún ignorábamos dónde estábamos y por qué el Espíritu nos había conducido hasta allí.

Pronto lo supimos. En este lugar se encontraba el árbol sicomoro que la Biblia cita en relación a la historia de Zaqueo, aquel hombre que quería mirar a Jesús, pero no podía porque era muy bajito. Se las ingenió y se subió a este sicomoro que nosotros teníamos delante y desde el cual el Maestro Jesús lo distinguió y le dijo: “Esta noche iré a cenar a tu casa”.

Y esa noche, el Maestro vino a cenar en nuestra casa y el Espíritu ingresó en todos nosotros y en todos Uds. que estuvieron con nosotros, allanándonos el camino en la noche para encontrar lo imposible desde 3D, ciegos desde 3D pero no de Espíritu.

Y recitamos allí, en el mismo Jericó, en tierra que el Maestro pisó, la caída de los muros de Jericó, nuestros muros internos que se plasman en barreras y muros externos en la ilusión. Todo duró escasos diez minutos, pero aquí, en este lugar, el tiempo es eterno.

El lugar no estaba contaminado sino que había sido preservado por los monjes, puesto que no figura en ningún catálogo turístico, inclusive no se encuentra en un libro que conseguí más tarde y que trata sobre los lugares santos preservados por las iglesias ortodoxas griegas, pero bajo la guía del Espíritu todo es posible.

Brinda Mair

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